La creciente exposición de la población al riesgo de incendios pone de manifiesto la necesidad de reforzar la planificación territorial, impulsar la gestión forestal activa y acelerar la innovación para mejorar la prevención y la resiliencia de los ecosistemas.
El creciente riesgo de incendios forestales en las zonas donde conviven núcleos urbanos y masas forestales vuelve a situar la gestión del territorio en el centro del debate público. Diversos análisis recientes estiman que millones de personas residen en áreas próximas a terrenos forestales con potencial riesgo de incendio, poniendo de manifiesto la necesidad de reforzar las políticas de prevención, planificación y gestión forestal.
La denominada interfaz urbano-forestal (IUF) se ha convertido en uno de los principales desafíos para la protección de personas, infraestructuras y ecosistemas. La expansión urbanística hacia entornos forestales, unida al abandono de usos tradicionales del monte y al impacto del cambio climático, está incrementando la exposición de la población frente a incendios cada vez más intensos y complejos.
Desde el ámbito forestal, numerosos expertos coinciden en que la respuesta no puede centrarse únicamente en mejorar la capacidad de extinción. La prevención pasa por una gestión activa del territorio que reduzca la carga de combustible, favorezca paisajes en mosaico y recupere actividades como la selvicultura, el aprovechamiento de la biomasa o la ganadería extensiva, fundamentales para aumentar la resiliencia de los montes.
Otro de los aspectos destacados es la importancia de disponer de herramientas de planificación que permitan identificar las zonas con mayor vulnerabilidad. La Ley de Montes contempla la elaboración de un mapa nacional de áreas de alto riesgo de incendio, un instrumento que facilitaría la coordinación entre administraciones y la priorización de actuaciones preventivas, especialmente en los municipios donde confluyen población y superficie forestal.
Para la Plataforma Tecnológica Forestal Española (PTFOR), esta situación pone de relieve la necesidad de seguir impulsando la innovación aplicada a la gestión forestal sostenible. Tecnologías como la teledetección, los sistemas de información geográfica, la inteligencia artificial o los modelos predictivos pueden contribuir a mejorar la evaluación del riesgo, optimizar la planificación forestal y apoyar la toma de decisiones antes de que se produzcan los incendios.
Asimismo, la investigación en nuevos modelos de gestión adaptativa, la valorización de los recursos forestales y el desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza constituyen líneas estratégicas para reducir la vulnerabilidad de los territorios y fortalecer la bioeconomía forestal.
En un contexto de incendios cada vez más extremos, la prevención debe consolidarse como el principal eje de actuación. Una gestión forestal activa, apoyada en el conocimiento científico, la innovación tecnológica y la colaboración entre administraciones, centros de investigación y sector forestal, será determinante para proteger tanto los ecosistemas como a la población que convive con ellos.
Información sacada de El País